Está claro que un encierro se puede montar en cualquier parte, pero cuesta de Santo Domingo y calle Estafeta solo hay una. El sonido de las pezuñas de unos bichos de media tonelada pisando la calle impresiona, sobre todo cuando te llega hasta las orejas a pesar de la masificación y la histeria colectiva. Si tienes la oportunidad de verlo en un balcón te darás cuenta de que el encierro pasa volando y que apenas puedes abarcar todos los eventos que surgen a su paso. Pero alguna vez hay que verlo.
#2 Por muy experto que seas, por muy en forma que estés, por muy sobrio que estés, meterte en el encierro es una ruleta rusa. Es un torrente incontrolado de sucesos aleatorios del que nunca sabes si saldrás ileso.